El viaje de un mar antiguo hasta tu mesa
De la Pangea a nuestro manantial:
la geología detrás de nuestra sal
Desde la deriva de los continentes hasta el efecto diapiro que empuja el agua salada a la superficie. La historia geológica más antigua que tiene un producto en tu cocina.
Un día en Salinas de Oro, Navarra
Esto no se fabrica. Se espera. Mira cómo el sol, el viento y el tiempo hacen lo que ninguna fábrica puede replicar. La cosecha manual tal como se ha hecho durante generaciones.
Lo que la naturaleza tarda en hacer
Cuatro fuerzas que ninguna fábrica puede replicar. Sin ellas, no hay sal. Con ellas, surge algo único.
Procesos naturales como la evaporación, sedimentación y reinundación formaron una capa gruesa de sales en el subsuelo. Un mar que ya no existe, pero que dejó su riqueza mineral intacta.
El agua es el vehículo de este fenómeno. Al atravesar el subsuelo, erosiona los depósitos salinos y emerge como manantial concentrado. Una concentración 7 veces mayor que el agua de mar.
Su intensidad regula la velocidad de secado y cristalización. Convierte nuestra sal en un bien escaso y de temporada. No hay atajos. No hay producción en invierno.
La constante presencia del viento sobre las salinas acelera la evaporación del agua y favorece la cristalización. El viento de Navarra es parte del producto.
Cómo se cosecha sin atajos
El agua salada sube desde el subsuelo. Sin bombas. Sin química. Solo presión natural y 220 millones de años de historia.
El agua se extiende por las eras de arcilla natural. Sol y viento comienzan su trabajo. El tiempo hace lo que ninguna máquina puede.
La sal cristaliza en la superficie del agua. Flor de sal primero, luego escamas. Cada tipo tiene su momento exacto de cosecha.
Herramientas de madera. Manos que saben cuándo y cómo. Sin maquinaria industrial. El mismo proceso que hace generaciones.